Me figuro, que la poesía llamada Silva, será otra especie de confusión, semejante a la del Ditirambo.
Metrófilo. Es cosa muy diversa. No tiene en sí otro desorden sino el de no estar distribuidas sus estancias ni arreglados sus consonantes. Se reduce su formación a un tejido de cien versos, o doscientos, o más, todos ellos de once pies, o unos de siete y otros de once; sin división alguna de estancias; ni orden alguno fijo en la colocación de los consonantes, que pueden esparcirse libremente, como se quiere. Te daré por modelo de estas poesías la que compuso nuestro Lope de Vega para describir la creación del mundo, y su primitiva felicidad. Empieza así:
I.
Fábrica fue de inmensa arquitectura
este mundo inferior, que el hombre imita;
2
pues, como punto indivisible, cierra
de su circunferencia la hermosura.
3
Ya copiosa la tierra
de cuanto en ella habita
con tantos peregrinos ornamentos:
4
Llenos los tres primeros elementos
de peces, fieras, y aves, que vivían
de toda ley exentos,
si bien al hombre en paz reconocían:
5
Aun no pálido el oro,
porque nadie buscaba su tesoro,
y el diamante tan bruto, aunque brillante,
que más era peñasco, que diamante
6
Los árboles sembrados de colores,
y los prados de flores.
miércoles, agosto 03, 2011
jueves, abril 07, 2011
razones programáticas
Esta reacción por tu parte la podía esperar si no fuera porque eres un pensamiento efímero, un hermoso hueco sin lobos acotados, un lugar donde respirar distinto. Paredes de pliegues suaves, esquinas de sombras de matices, llena de lugares donde mirar y otros donde quedarse ciego, reflejos largos de distancias lejos, múltiples recorridos, madera, metal, calidez y sonrisa. Ausencia de hotel, presentimiento de evidencia. Multitud de rostros y de pieles, paisaje de personas, de luces, de sol y árbol, de flores ordenadas, de miradas y estancias fuera. Casa que surge, que crece, se divide o ensancha, recipiente de abrazos y besos, de lecturas, música, conversaciones y dibujos, de amigos de vino o de vino triste, de promesas, de caminos, de libros en el agua. Una casa de mañanas largas y de noches cortas. De tardes con silencios y pensamiento. Llena de ollas y de brazos, de bocas, de fruta fresca y olor a limpio, a madera y a cuero. Casa de terrazas desnudas, de lugar donde ubicarse bien acompañado. Hogar que hable de los que lo viven o lo han soñado, de los que vienen. Suelos de pasos, techos de mirada, paredes con dedos. Pizarras largas llenas de palabras y dibujos, escondites y puertas a la calle donde todo vuelva a empezar en otra parte. Y que esa dirección también exista dentro.
lunes, marzo 28, 2011
miércoles, marzo 23, 2011
Montón
1.
Al final de la nada.
Al final de todo.
Al final.
Al final escapábamos con un montón de palabras.
Al final de todo escapamos de la nada con un montón de palabras.
Al final un montón de palabras.
Un final un montón
.
Al final de la nada.
Al final de todo.
Al final.
Al final escapábamos con un montón de palabras.
Al final de todo escapamos de la nada con un montón de palabras.
Al final un montón de palabras.
Un final un montón
.
viernes, marzo 04, 2011
Sobre el silencio (inconcluso)
Aparca el coche y no se oye ningún ruido, la radio y el motor, después nada, silencio. Lo que no puede saber es de dónde viene ese silencio. Ha llegado casi de noche, del trabajo; cierra la puerta y todo está apagado. Los muebles inmóviles se adivinan con la luz escasa. Enciende la televisión y escucha claramente el silencio, un silencio ensordecedor. Apaga el aparato. Abre la ventana y fuera reina una tranquilidad total, nada se mueve, nada se oye. Vuelve a encender la televisión y escucha el silencio de nuevo, personas que mueven los labios y no hacen más que silenciar la escucha. Siente veinte tapones para los oídos que se fueran introduciendo suave pero sucesivamente. Pero suave, pero veinte. Sería como quedarse sordo pero él no se está quedando sordo. Apaga el aparato otra vez. Se sienta en un sillón y mira hacia fuera. Tirando la cabeza hacia atrás ve un trozo de cielo, oscureciendo. Intenta hablar y se escucha. Su voz pasa angostamente por la ausencia sonora. “Todo lo que pueda decir ya ha sido dicho anteriormente, quiero decir palabra que no existe, cepasmer, olatonad, plamodo,…”, empieza a inventar despacio, palabras. Dejando cada vez más tiempo entre ellas. Haciéndolas de distinta longitud, precipitándose a veces recitando rápido varias. Cree de este modo que llega a moldear el silencio. Entre las sombras, en la pared, cree ver figuras de sonido. Recortes de tiempo que nadie ha visto. Se acuerda inesperadamente de Matisse, de que cuando muy mayor ya no tenía pulso para pintar por lo que para plasmar sus imágenes internas recortaba papeles de colores. Recita consecuente colores varios, de formas distintas, y los mira sin luz. Rodeados por silencio. Sustentados por el hilo fino de las palabras que los llaman. Y en ese abandono se pregunta dónde está él. Tal vez esté en este lugar con este ahora tan hueco. No puede desaparecer de golpe.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)