sábado, marzo 13, 2010

Siete minutos / los ojos que no tenemos y que nos hacen falta.

Y de alguna manera hablar al aparato que me regalaste, que recuerda lo que digo, que me crea la ilusión de que mi voz de algún modo puede perpetuar el vínculo de la escucha. El vínculo que supone poder decir y encontrar. No exactamente de la misma forma que un buscador o un perseguidor en sus múltiples referencias. La palabra no es exacta, se trata de caminar dentro de las propias percepciones, en la imaginación interna de cantidad de imágenes, historias a trozos, informaciones de distinto tipo,de sonidos oídos o inventados, que me han llegado en mi siempre finito.

Poder caminar entre ellos, caminar en silencio entre todos los huecos que existen, entre esas imágenes congeladas y esos movimientos de ideas, entre todo el tiempo subconsciente entrenado para que en segundo plano resuelva las preguntas teóricas. Ese restaurante eléctrico tiene mesas con juegos de ajedrez automáticos, que van construyendo y preguntando. Están todos esos procesos y todos los huecos entre los procesos; todas las zonas existentes entre proceso y hueco. Todo lo que es, todo el vacío y también las fronteras entre las dos materias en movimiento.


Querría hablar no sólo de lo que existe, de lo que se percibe, de lo que informa o lo que no es información o la nada, sino sobre todo de esos lugares intermedios, de esa multitud de sitios entre lo que es y lo que no es, de esa infinidad de tonalidades de grises, de tantos paneles perforados que son frontera entre lo que se percibe, lo que se vive, lo que se toca y la nada, lo que no es. Entre esas dos existencias se encuentra la frontera de anchura variable, a veces de considerable extensión, en la cual se sitúa el otro lado, o la poesía, o llámelo dios, límite, fachada o como quiera. Pero se encuentra una zona en la cual el pensamiento a veces se cree capaz de redibujar esos límites y asomarse a desconocidos lugares, a otros puntos de vista, u otra especie de plano, de dimensión o miradas en las cuales la existencia se manifiesta y se entiende de manera mucho más patente al mezclarse con lo que supone la no existencia, el vacío o lo desconocido. Conocemos por aproximación realidades que no están concebidas en nuestra mente en un tiempo exacto por falta de axiomas, puntos de partida o dimensionalidad de aquellas percepciones. Inventamos o creamos entonces los ojos que no tenemos y que nos hacen falta.

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