Domingo en el trabajo, un domingo peculiar, no hace mucho calor en medio de tantos días con tanto calor. Sin embargo el ventilador ajeno a las discusiones sopla en mi espalda y en la silla.
Me he levantado tarde, dormí mis horas, o al menos algunas de las que el tiempo y el trabajo me deben. La casa en desorden, la secadora llena y casi seca con el filtro olvidado. Un rato sacando pelusas de las entrañas del aparato. Desayuno con café de cafetera y con mis dibujos el último con el café viejo - que se vuelve más opaco con el tiempo- y el desorden prácticamente inmóvil y no saber si abrir o cerrar las ventanas por el calor. Me ducho me visto me voy a la calle.
Me dirijo a Paris plages. La playa en parís una paradoja, los turistas, los extranjeros, los parisinos o algunos, mujeres gordas en bikini, mujeres en bikini, muchas gentes, gafas de sol, vaporizadores de agua, sol, una playa artificial, sin alma. Me encuentro a MG y a su esposa y hablamos de CL y de cómo va la vida. Y veo que trabajo mucho, que siempre he trabajado mucho, que casi he acabado arquitectura y que me voy a españa sin pausa. Me acuerdo de mis amiguetes, y pienso que tenemos que verlos más.
Sigo con el paseo, de casa por la rue beaubourg al sena y luego por abajo (quiero decir los quais, los muelles) parís plages hasta casi Sully Morland.
Y giro hacia el Marais, después me encontraría un restaurante libanés justo antes de la rue des rosiers, en la rue des rosiers un rabino me dio la mano y me preguntó si era judío, le dije que no y me pidió perdón. Al final tenía a lo mejor razón mi tío Angel y éramos en un pasado judíos o tenemos semejanza. Aunque lo que está claro es que los seres humanos nos parecemos muchos judíos, católicos, argelinos, franceses, españoles, políticos o putas o lo que sea. Qué humanidad la nuestra siempre queriendo dividirse en dos grupos.
En fin. Eso pasa después.
Antes me encuentro con la maison de la photographie y veo un cartel sobre la fotografía italiana. Pienso que nunca he ido y entro sin dudar. No entiendo muy bien porqué. Me cuesta 3 euros, no es mucho, con mi carnet de estudiante.
El ejercicio de la mirada, tal vez la forma más importante del aprendizaje o de los aprendizajes.
Fotos de arquitecturas,
de personas, el edificio muy agradable, entre lo antiguo y lo moderno, saliendo e introduciendo el paisaje exterior.
También fotos de Beirut,
de la guerra de antes, no la de ahora.
Muchas fotos, puedes mirarlas en internet buscando Gabriele Basilico.
Y en un momento dado de la exposición re-descubro la imagen del cartel de la entrada de la exposición “Un été italien”, título no muy sugestivo, pero la imagen del cartel :
Me llama mucho la atención y leo el título y se llama Valence.
Y es cierto.

Es Valencia, al lado del politécnico, los edificios de la literaria. Pasaba todos los días por delante hace siete años. Creo que esta imagen me ha llevado a ver la exposición de forma inconsciente.
Las casualidades.
Y después acabo de ver la exposición y me compro un fallafel después del paseo relatado antes.
Y me siento en las escaleras de la iglesia des Blancs Manteaux. Y una negra habla desnuda con el móvil por la ventana.