hace casi dos años que han cambiado pero sigo aquí, de momento pero hasta cuándo.
domingo, noviembre 07, 2004
la oscuridad en tu mirada
Este indulto de poemas te llega tarde y mal
Ahora que llegan las aves migratorias a los vertederos
como los besos que saben a nada o a acaso
como las enfermedades vacías que tejen tu miedo
de frente, otro nudo
la mirada en la mentira, el golpe remoto
dentro
muy dentro todavía
no es hoy ni mucho menos siempre
y los silencios
con radio ruido imagen ruido
sembrando esperas
recogida cosecha desilusión boca
como tu voz, como tu paciencia.
la oscuridad en tu mirada
parís primero de diciembre de 2002
Ahora que llegan las aves migratorias a los vertederos
como los besos que saben a nada o a acaso
como las enfermedades vacías que tejen tu miedo
de frente, otro nudo
la mirada en la mentira, el golpe remoto
dentro
muy dentro todavía
no es hoy ni mucho menos siempre
y los silencios
con radio ruido imagen ruido
sembrando esperas
recogida cosecha desilusión boca
como tu voz, como tu paciencia.
la oscuridad en tu mirada
parís primero de diciembre de 2002
viernes, noviembre 05, 2004
El horizonte color tése muere por colonizarle para su gran Cualquieraparte
Ya podéis iros
a pie
o a puro sentimiento en pelo,
que a él no arriban ni los sellos.
a pie
o a puro sentimiento en pelo,
que a él no arriban ni los sellos.
jueves, noviembre 04, 2004
fdgffgrdghjk
dfgfgfbgtb ttyr trt ydhdghdgh gfghd
ya vale............. muy difícil esto de escribir sin manos
ya vale............. muy difícil esto de escribir sin manos
lo único que me faltaba......
menudo día llevo...., como si escribir tuviera sexo, como si no supiera que no soy ni puta ni sumisa ni homo ni metrosexual, sino simplemente otro heterosexual perdido en parís como alfredo landa llegando a atocha hace cincuenta años lo menos.....
resulta que escribo sin polla,
a partir de ahora escribiré sin manos , vais a ver
resulta que escribo sin polla,
a partir de ahora escribiré sin manos , vais a ver
miedos así
no se quién me preguntaba hace nada y de forma anónima que si tenía miedo a algo. La verdad es que sí.
Sobre todo le tengo un miedo atroz al propio miedo.
A mí me gusta tener miedos así:
En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere.
En la plaza del Quirinal, en Roma, hay un punto que conocían los iniciados hasta el siglo XIX, y desde el cual, con luna llena, se ven moverse lentamente las estatuas de los Dióscuros que luchan con sus caballos encabritados.
En Amalfí, al terminar la zona costanera, hay un malecón que entra en el mar y la noche. Se oye ladrar a un perro más allá de la última farola.
Un señor está extendiendo pasta dentrífica en el cepillo. De pronto ve, acostada de espaldas, una diminuta imagen de mujer, de coral o quizá de miga de pan pintada.
Al abrir el ropero para sacar una camisa, cae un viejo almanaque que se deshace, se deshoja, cubre la ropa blanca con miles de sucias mariposas de papel.
Se sabe de un viajante de comercio a quien le empezó a doler la muñeca izquierda, justamente debajo del reloj de pulsera. Al arrancarse el reloj, saltó la sangre: la herida mostraba la huella de unos dientes muy finos.
El médico termina de examinarnos y nos tranquiliza. Su voz grave y cordial precede los medicamentos cuya receta escribe ahora, sentado ante su mesa. De cuando en cuando alza la cabeza y sonríe, alentándonos. No es de cuidado, en una semana estaremos bien. Nos arrellanamos en nuestro sillón, felices, y miramos distraídamente en torno. De pronto, en la penumbra debajo de la mesa vemos las piernas del médico. Se ha subido los pantalones hasta los muslos, y tiene medias de mujer.
Sobre todo le tengo un miedo atroz al propio miedo.
A mí me gusta tener miedos así:
En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere.
En la plaza del Quirinal, en Roma, hay un punto que conocían los iniciados hasta el siglo XIX, y desde el cual, con luna llena, se ven moverse lentamente las estatuas de los Dióscuros que luchan con sus caballos encabritados.
En Amalfí, al terminar la zona costanera, hay un malecón que entra en el mar y la noche. Se oye ladrar a un perro más allá de la última farola.
Un señor está extendiendo pasta dentrífica en el cepillo. De pronto ve, acostada de espaldas, una diminuta imagen de mujer, de coral o quizá de miga de pan pintada.
Al abrir el ropero para sacar una camisa, cae un viejo almanaque que se deshace, se deshoja, cubre la ropa blanca con miles de sucias mariposas de papel.
Se sabe de un viajante de comercio a quien le empezó a doler la muñeca izquierda, justamente debajo del reloj de pulsera. Al arrancarse el reloj, saltó la sangre: la herida mostraba la huella de unos dientes muy finos.
El médico termina de examinarnos y nos tranquiliza. Su voz grave y cordial precede los medicamentos cuya receta escribe ahora, sentado ante su mesa. De cuando en cuando alza la cabeza y sonríe, alentándonos. No es de cuidado, en una semana estaremos bien. Nos arrellanamos en nuestro sillón, felices, y miramos distraídamente en torno. De pronto, en la penumbra debajo de la mesa vemos las piernas del médico. Se ha subido los pantalones hasta los muslos, y tiene medias de mujer.
miércoles, noviembre 03, 2004
coÑos
Por lo demás estas semanas está N por aquí con MR con lo cual me he paseado un poco más de lo normal, MN está pensando en invertir en el arte contemporáneo trescientos euros para un vaso y una bombilla, PL está más poseída que nunca, va a haber que clavarle una estaca en el corazón, JM está cabezo de AJ, AJ está cansada como siempre, TM duerme con AJ, (empiezo a comprender porqué AJ está siempre cansada), hemos empezado unos ciclos culinario-festivos de cenitas y tal con un pisto en la casa de AP y JT, lo cual está bien pero me pone alerta frente a la transformación de mi natural hispano-manchego en francés parisino (difícil pero no imposible, o imposible qué coños).
Sobre la inutilidad del olvido
es inútil querer olvidar, arrojar a un lugar oscuro una mujer o un lapso de tiempo. El esfuerzo del propio olvido es una manera de vivificar con violencia una parte de la mente en calma y proyectar todas las luces del enorme salón decorado forzosamente de todos los recuerdos (aunque el olvido existe como acto involuntario)
Elegir la dirección de la mirada, intentar colocar las memorias aquí o allá, sin embargo cuando la sangre que bombea ahora es otra tinta para no recordar, entonces todas las metáforas son inútiles, entonces solo queda esperar el hueso.
Elegir la dirección de la mirada, intentar colocar las memorias aquí o allá, sin embargo cuando la sangre que bombea ahora es otra tinta para no recordar, entonces todas las metáforas son inútiles, entonces solo queda esperar el hueso.
martes, noviembre 02, 2004
comedores de piel
Vamos por la vida dejándonos la piel que alimenta los ácaros que duermen entre nuestras pieles muertas. Vemos en las arrugas de los demás el paso del tiempo que se come nuestra piel.
Nos dejamos textualmente la piel, y lo repito lo repito, .
Por qué o por quién,
?
como aquello de preguntarse quién me (o te) ayuda a bajar la basura.
Nos dejamos textualmente la piel, y lo repito lo repito, .
Por qué o por quién,
?
como aquello de preguntarse quién me (o te) ayuda a bajar la basura.
Las especies que con mayor frecuencia producen alergia son las del género Dermatophagoides y deben su nombre al hecho de su fuente predilecta de alimento son las escamas de la piel humana (del griego dermatos = piel; phagos = comer è "comedores de piel"). Por ello, donde más suele haber porque es donde más alimento encuentran es en los colchones. Pero también pueden alimentarse de esporas de hongos, granos y harinas de cereales, etc. Se encuentran especialmente confortables cuando la temperatura es templada (alrededor de 20º C) y la humedad relativa es elevada (por encima del 70%). Un ambiente con una humedad inferior al 50-60% limita extraordinariamente su presencia. Por ello son muy abundantes en regiones templadas costeras, y su presencia es rara en zonas montañosas y secas, especialmente por encima de 1500 m. de altitud. Es por ello también que la concentración de ácaros en las casas aumenta durante las épocas de cambio estacional (primaveras y otoños), con lluvias y temperaturas suaves, y suele disminuir durante los veranos (clima seco y caluroso) e inviernos (clima seco y frío). Ello explica que los niños alérgicos a los ácaros se pongan peor precisamente en las épocas de cambio estacional y que, con frecuencia, "anuncien" los cambios de tiempo con una envidiable precisión.
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