Ultimamente me voy a correr cuando vuelvo a casa a veces. Es curiosa esta motivación de ir a ahogarse y volver sudando y ducharse y quedarse fresco como un vegetal en buen estado. Sin embargo es cierto que también esa media hora de carrera es también un poco una imagen de otros deportes de salón, para ser preciso de la soledad, del silencio y del ruido, del cansancio, de la destrucción y de la regeneración por el sufrimiento. El dolor también existe y solamente la ausencia de daño no es un camino inteligente. Ya hablaba Einstein del ideal de la pocilga.
También del ahogo perdido del humo azul que se vuelve gris. Este ahogo es de otra naturaleza, un ahogo generador.
Y mientras tanto y además sabiendo que gran parte de los sueños de hoy se pondrán algún día en la cola del olvido. Una de las primeras de la lista de ocupaciones terribles.
Mañana es festivo aquí, a ver si sale el sol.
1 comentario:
Lo bueno del correr es su forma reflexiva... Y mucho mejor, y más placentero si cabe (que no andamos sobrados de espacio), es hacerlo en compañía (que no de lobos)...
Publicar un comentario